A simple vista, Toy Story 3: el videojuego divide su acción en un modo historia y un modo sandbox – ingeniosamente renombrado toybox – pero habría que especificar: el modo “historia” se aleja de la trama original de la película para pasar a ser un relato narrado – y por tanto, modificado y exagerado – de dicha trama, centrándose más en los aspectos imaginados, como la secuencia que abre la película, o en los momentos más triviales, que en el núcleo de acción de su versión fílmica e incorporando elementos coleccionables; mientras tanto, el modo “toybox” acumula misiones ridículamente sencillas, centradas sobre todo en personalizar la ciudad donde tienen lugar dichas misiones y a sus habitantes, y las combina con minijuegos de conducción, vuelo y plataformas de dificultad más elevada y un sistema de recompensas por logros y secretos. Todo ello hace del juego un simpático entretenimiento para los más pequeños y un reto privado para el adulto un poco más exigente, con el mismo espíritu que la película de Pixar transmite, el del puente entre los nuevos sistemas de juego y los nostálgicos de los 16 bits.
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martes, 9 de octubre de 2012
TOY STORY 3: THE VIDEOGAME (2010)
A simple vista, Toy Story 3: el videojuego divide su acción en un modo historia y un modo sandbox – ingeniosamente renombrado toybox – pero habría que especificar: el modo “historia” se aleja de la trama original de la película para pasar a ser un relato narrado – y por tanto, modificado y exagerado – de dicha trama, centrándose más en los aspectos imaginados, como la secuencia que abre la película, o en los momentos más triviales, que en el núcleo de acción de su versión fílmica e incorporando elementos coleccionables; mientras tanto, el modo “toybox” acumula misiones ridículamente sencillas, centradas sobre todo en personalizar la ciudad donde tienen lugar dichas misiones y a sus habitantes, y las combina con minijuegos de conducción, vuelo y plataformas de dificultad más elevada y un sistema de recompensas por logros y secretos. Todo ello hace del juego un simpático entretenimiento para los más pequeños y un reto privado para el adulto un poco más exigente, con el mismo espíritu que la película de Pixar transmite, el del puente entre los nuevos sistemas de juego y los nostálgicos de los 16 bits.
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