Gracias a las ofertas navideñas de Steam, recupero Simcity 4, que en su momento se escapó por culpa de la saturación de Los Sims (2000) y sus infinitas actualizaciones. Y el regreso viene condicionado por mi buen recuerdo de Simcity 3000 (1999), que sabía mantener una gestión intuitiva con mucho, mucho humor y la capacidad para convertir en entretenido un trabajo, por otra parte, estresante.
Y es que parte del atractivo de esta saga, así como de prácticamente todo lo que ha desarrollado Maxis, radica en su prolongación infinita. Es cierto que, llegados a un punto, las situaciones tienen que repetirse a la fuerza, por una cuestión de limitaciones, pero el desarrollo de nuestra ciudad siempre puede volverse más eficiente. En el mejor de los casos, podemos pasar horas y horas en una única partida donde evolucionamos de una industria contaminante e inseguridad ciudadana a sostenibilidad y utopía.
Se dice mucho que este tipo de juegos deberían ser puestos en manos de los políticos, y es verdad, pero también hay que entender que funcionan en el sentido contrario: un ciudadano puede entender aquí como es imposible satisfacer a todo el mundo al mismo tiempo. El delicado equilibrio entre distintos tipos de recursos es el verdadero núcleo del juego.
Todo esto es aplicable tanto a Simcity 3000 como a Simcity 4, así que hablemos de lo que los diferencia. Uno de los principales cambios supone una mayor integración con el mundo de Los Sims, incluyendo incluso un menú de similar diseño, sustituyendo las caricaturas de nuestros consejeros por toscos modelos 3D y con una presunta mayor interacción con el entorno - llegando incluso a conducir en misiones - y con los conciudadanos, si bien se echan en falta aquellas tronchantes reclamaciones de asociaciones de madres preocupadas y demás organismos quejicas.
Por lo demás, las opciones de transformación de terreno se multiplican, si bien siguen tan inestables y caprichosas como entonces - lo cual puede hasta ser una virtud - y la incapacidad para trazar con sencillez carreteras - que suelen quedar mal empalmadas o a medio construir - sigue siendo un problema. La opción de interactuar como un Sim es absolutamente prescindible, no molesta pero tampoco incorpora nada. El mantenimiento de las ciudades colindantes, algo que se realizaba automáticamente en la anterior entrega, es quizás la nueva incorporación que más acierta.
Simcity 4 no aporta grandes novedades ni es una mayor evolución, pero sabe aprovechar todo lo que hacía muy interesantes a sus predecesores. Cada partida emprende una dificultad y es difícil - como sí pasa con algunos otros imitadores - que se agote con rapidez. Si nada está roto, no lo arregles.

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