En la tendencia de los juegos para móviles o redes sociales que buscan una inmediatez absoluta, se han presentado muchos productos de bastante bajo nivel. La mayoría de esos juegos se ciñen a ser poco menos que tragaperras en su sentido más despectivo, llenos de recompensas inmediatas, de una verdadera falta de competitividad y atractivo. Por suerte, Triple Town no es uno de ellos.
Sí, aquí está también la necesidad de usar dinero real para poder participar de la experiencia completa, pero lo cierto es que no es imprescindible y, de hecho, adquiere un nuevo nivel de disputa. En cierto modo, lo que Triple Town está haciendo es diferenciar - de un modo básico y quizás inintencionado - al jugador casual del jugador habitual: el jugador casual estará más dispuesto a pagar por herramientas que faciliten su tarea, mientras que el jugador habitual encuentra el interés en el exigente de nivel de planificación que se presenta al carecer de ayudas adicionales.
Otro elemento a su favor es el atractivo de la propuesta. Aquí no nos limitamos a un puzzle básico disfrazado de argumento o incluso totalmente carente de él, reducido a figuras geométricas formando tríos. Triple Town se engalana con elementos de construcción de ciudades y ligerísimos rasgos heredados de los tower defense: nuestro proyecto es construir una ciudad, partiendo de hierba, arbustos, árboles y cada vez estructuras más ambiciosas; la constante presencia de osos dificultando las construcciones centra la atención y presenta el perfecto contexto para el juego.
Esa gestión de los recursos y la necesidad de establecer distintos espacios como estrategias para vencer en Triple Town, funcionan como un pensamiento a largo plazo, como una partida de ajedrez con distintos frentes y con la sencillez y esa actitud de inmediatez de la que hablábamos al principio. Triple Town es adictivo de manera en la que solo un buen juego puede serlo: exigiendo que probemos distintas estrategias, que tomemos mano de nuestro ingenio para avanzar siempre un poco más lejos. Este juego ha sabido plantearse su formato sin la aborrecible actitud mercachifle de la que hablábamos en My singing monsters (2012), y así se plantea como una pequeña esperanza en un templo de fariseos.

Me encantaría hacer un juego mezcla entre el Triple Town + Ajedrez + Advance Wars ...
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