Es probable que The Act fuese, en algún momento, un proyecto mucho más estimulante: la unión del talento de antiguos ex-animadores de Disney con un proyecto interactivo - a la manera de la trilogía de Don Bluth: Dragon's Lair (1983), Space Ace (1984) y Dragon's Lair II: Time Warp (1991) - que llevaba el principal control en la interacción social del protagonista. El problema es que las intenciones sean más ambiciosas que los resultados. No se le puede poner ninguna pega a la animación, no se puede decir que el manejo sea complicado, pero sí que no hay un verdadero desarrollo de la jugabilidad. Se trata de una cuestión de ensayo-error, una especie de tanteo ciego que en ningún momento innova sobre su propio planteamiento, limitando a variar el contexto pero no el proceso. Esto lo convierte en una oportunidad perdida para desarrollar un juego que realmente aproveche la sensiblidad táctil del iPad y que establezca una relación entre este control y la reacción emocional del personaje.

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