martes, 2 de octubre de 2012

YUME NIKKI (2005)

Yume Nikki es uno de esos ejercicios que solo es posible gracias a la democratización de las herramientas de programación. Con un programa tan humilde como RPG Maker 2003, Kikiyama construía un producto absolutamente imposible en el mercado: sin rumbo, sin finalidad, sin explicación, intencionadamente caótico y radical. Siendo un título que ha ganado cierto seguimiento de culto e inspirado miles de artículos por todo internet, suele ser ignorado cuando se tiende a hablar del auge de los desarrolladores independientes o del videojuego como arte.

Porque Yume Nikki se ajusta a una visión artística, en cuanto a personal, imaginativa y emocional. Haciendo un uso expresivo de material puramente abstracto, nos introducimos en un mundo propio, entre lo desesperado y lo terrorífico. Lo que en líneas generales podría considerarse una mezcla de Silent Hill (1999) y LSD: Dream Emulator (1998) termina siendo bastante menos ortodoxo. Casi se podría definir como un sandbox de pesadilla, aunque el terror rara vez toma forma y se mantiene en una tensa calma. Los elementos más roleros se construyen en torno a la búsqueda de objetos que facilitan nuestro acceso a ciertas zonas, nos proporcionan habilidades nuevas o simplemente crean nuevos efectos que no tienen más que una finalidad estética o de sorpresa. Todo parece posible en la (i)lógica que se oculta bajo la programación de Yume Nikki.

Y es ahí donde el jugador más disfruta de lo que aparentemente es una propuesta tan radical: su apertura, su posibilidad de, como en los sueños, encontrar un nuevo escenario, un nuevo personaje, una nueva acción y reacción, un nuevo objeto o un nuevo poder. Esa simulación de libertad solo puede venir propiciada por las surrealistas normas que la sustentan. Pero, en última instancia, la fama de Yume Nikki se debe a la descripción de un paisaje emocional, de un mundo reclusivo, íntimo y nada agradable donde el juego funciona como una macabra terapia; y es ahí donde el juego funciona como un abismo que devuelve la mirada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario