martes, 16 de octubre de 2012

MY SINGING MONSTERS (2012)



Lo primero que me llamó la atención de My Singing Monsters es la idea de criar y coordinar una serie de criaturas cantarinas. Me parecería interesante la idea de mezclar una mascota virtual con una habilidad, como la música, que sería un gran incentivo para cirar aún más y aún mejor a los distintos bichos y sus respectivos tonos. Al estar gestionando con la música como finalidad, se busca una suerte de armonía y equilibrio que hace a un juego de gestión mucho más interesante. Lástima que este no sea el caso.

Porque My Singing Monsters está más cerca de Farmville y similares, en la creciente ambición de generar juegos que dependen de una constante atención, un amplio círculo de compañeros que también dependan del juego e incluso el ingreso de dinero real para poder seguir manteniendo el sistema. Esta especie de tragaperras del siglo XXI no hacen la experiencia de juego más divertida sino más absorvente y adictiva, lo cual se ha confudido durante demasiado tiempo con una virtud. El interés no crece y el juego no aumenta ni sorprende, solo busca focalizar tu atención a costa de tu bolsillo, tus amistades y tu tiempo. 

Hay un momento en el que uno podría llegar a pensar que realmente, tras menús de gestión, ítems consumibles y la constante lluvia de recompensas desbloqueadas para mantenerte atento aún cabría la oportunidad de formar tu propia banda de monstruos, tu propio mundo con su propia personalidad y una relación directa entre el cuidador y las criaturas. Pero es un espejismo. En su lugar, uno acude a My Singing Monsters como quién acude a un trabajo o a una tarea odiosa, por la necesidad de mantener la ilusión de que te está aportando algo. 

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