martes, 6 de noviembre de 2012

NBA 2K13 (2012)



Hacía mucho tiempo que no ponía mis manos sobre un juego de baloncesto, así que no tengo ni idea de que diferencias hay entre el juego que nos ocupa y su precedente, NBA 2K12 (2011) lo que me coloca totalmente a ciegas a la hora de escribir una reseña. Pero si lo que queréis es una opinión llena de tecnicismos de alguien mucho más al día en simuladores deportivos estoy seguro de que podéis encontrar una docena de ellas bastante buenas en las webs habituales. A mi no me paga nadie por esto, así que voy a escribir igualmente.

Mi primera impresión con NBA 2K13 (2012) es el magnífico sistema de dos jugadores, que es realmente competitivo y, una vez que entiendes bien los controles y la progresión del juego, consigue llegar a contagiar de esa emoción de este gran deporte. Contar no solo con los equipos actuales sino con alineaciones de otras etapas es un enorme aliciente, si bien el ya muy comentado Celebrities Team (con famosos de la "talla" de Justin Bieber o Pauly D) debería haberse llevado a un campo mucho más ridículo antes de que pareciese una decisión de última hora que se ha quedado vieja nada más salir. Antes que ellos, NBA Jam (1994) supo meter a Bill Clinton y Al Gore con bastante más gracia.

Una vez que consigues pasar el product placement y el ego de Jay-Z, tienes la posibilidad de crear tu propio personaje, con un amplio abanico de posibilidades, incluso en el nombre que se ajustará a las locuciones de los partidos, y empezar una carrera como jugador. Esto es el gran acierto del juego: partido de rookies, entrevista con los grandes equipos que buscan fichajes, entrenamientos, el uso de Twitter, tu labor promocional, tu afiliación a un tipo de zapatos deportivos, las entrevistas tras cada partido, la relación con tus compañeros o la directiva del equipo y, por supuesto, tu labor en el campo.

Aquí empiezan lo que, en apariencia, sería algo malo para el juego: la inestable curva de dificultad que te lleva a tener que equilibrar entre tantas variables. Por ejemplo, la elección entre ser un buen compañero y recibir una buena nota de los demás miembros del equipo o lucirte personalmente, aumentando tu popularidad y tus puntos de habilidad. También el gasto de entrenamientos, que son sesiones contadas, o de esos puntos de habilidad que son vitales. Se puede llegar a una situación realmente frustrante: no acumular suficientes puntos - o, incluso, perderlos si recibes mala nota de tus compañeros - que estancan tu progreso como jugador y lleva a una espiral donde cada vez resulta más difícil recuperarse.

No ayuda que los cambios automáticos del juego no parezcan del todo justos: puedes haber hecho el mejor cuarto de tu vida y que el entrenador te mande al banquillo hasta el final del partido, asistiendo, impotente, a como tu equipo pierde y con ellos, tu posibilidad de conseguir puntos de habilidad por la victoria o mejor nota como compañero porque no has jugado el suficiente tiempo para demostrar nada.

Pero es exactamente eso lo que me ha maravillado del juego: la verdadera angustia de saberse con un potencial interior inmenso, estar preparado y listo para machacar y encontrarse con una enorme pared de ladrillos y una competencia feroz. Casi como una adaptación del documental Hoop Dreams (Steve James, 1994) podemos asistir a una carrera desperdiciada y a la desesperación de no haber podido demostrar todo lo que podemos hacer. Es así como uno se imagina la vida del deportista medio, del que no sale en las portadas de estos juegos y aún conservan algo de su tiempo sin estar bajo los flashes: como una constante batalla, con Jay-Z echándote la bronca por Twitter.

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