Es conocido el dicho "si no está roto, no lo arregles", pero sobre todo por lo poco que se pone en práctica. Y es que solemos ser muy quisquillosos en materia de videojuegos, donde a veces le pedimos a una secuela que mantenga todo lo que funcionaba en el original y, además, sea innovador. En realidad, lo que buscamos es repetir esa primera experiencia en la que tuvimos contacto por primera vez con el juego y nos maravilló, pero no podemos volver a bañarnos en el mismo río dos veces.
Una secuela de Temple Run (2011) tenía que resolver muchas complicaciones. El primero y más evidente es que la mecánica del juego no iba, en ningún caso, a variar y resultaba un tanto complejo implementar nuevas opciones. En general, no tenía espacio para crecer, puesto que se limitaba a un consumo inmediato y a una vida larga pero perecedera. Entonces resultaba extramadamente complicado hacer una secuela que no supiese a repetir el mismo plato otra vez.
Es por ello que el mérito de Temple Run 2 es importante, porque ha sabido encontrar aquellos huecos que funcionan. Por ejemplo, añadir un componente de vértigo que mira de reojo a Bioshock Infinite (2013) o incluir en los cambios de escenario de su predecesor los cambios de mecánicas, sin necesidad de que el jeugador tenga que aprender nuevos comandos, que derivan en uno de los escenarios más divertidos: la carretilla que ha quedado irremediablemente asociada a Donkey Kong Country (1994).
En el lado negativo, el hecho de sumarse a la moda de opciones solo disponibles mediante el consumo de diversos elementos. De las monedas de la primera entrega pasamos a monedas y diamantes, lo que despliega una gran cantidad de habilidades y poderes, aunque muchos de ellos no evolucionen con la misma flexibilidad que en el primer juego. Además, esos menús se despliegan de un modo más incómodo e ilegible, por no hablar de como se fuerza al jugador a que, una vez muerto el personaje, se equivoque y pulse la pantalla consumiendo un diamante en una resurrección que quizá no desee.
Al margen de esto, Temple Run 2 se postula como una secuela superior al original, desarrollada con habilidad y que potencia todo lo que funcionaba en su predecesor. Es uno de los mejores casos de juego en plataforma móvil disponibles, y que vale la prueba.

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