Existe un punto que ya marca, desde el comienzo, la gran diferencia de The Elder Scrolls V: Skyrim con el resto de la saga. Su primer distanciamiento está en los menús que abandonan, sin remisión, la estética inevitablemente arcaica por la comodidad y la limpieza de fuentes más legibles, cursores poligonales y la ausencia de fondos texturizados.
No es que Skyrim esté traicionando su herencia. Es un detalle circunstancial pero que habla a gritos de renovación, de la necesidad de huir de un nicho de jugadores que, por muy estable que fuese, no tiene sentido en una industria creciente. Desde ese mismo comienzo, se está planteando la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos y hacerlo de una forma accesible a todos. La combinación de las dos manos del personaje adelante, con Bioshock (2007) como referente más obvio, una necesidad de aumentar la sensación de espectáculo.
Un ejemplo de ello es el uso de los ataques de los dragones como principal elemento de espectacularidad. Si bien a como se suelen alargar las aventuras en un juego de esta clase, pelear con los dragones se vuelve una tarea más incómoda que épica, no quita que se trate de un paso adelante a lo que The Elder Scrolls IV: Oblivion (2006) utilizó mediante los portales de los daedra.
Porque aquí están todos los elementos que hicieron grande a su predecesor: el universo basto y lleno de vida, la variedad de misiones y su enorme extensión, la capacidad para integrarse como parte del entorno... entonces me pregunto que es exactamente lo que no me cuadra. Quizás es que todo se ha vuelto demasiado grande: las pequeñas aldeas son ahora retorcidas ciudades, las distancias entre ellas son auténticos peregrinajes, atravesar montañas y bosques es sufrir una continua lucha contra los elementos. Pero también influye como el norte del continente determina una menor variedad de escenarios, una deriva hacia un tipo de fantasía más bárbara y menos ambigua que sus predecesores. Es un defecto menor, y quizás un defecto mío y no del juego, pero ahí está.
Con todo, sigue siendo un gran juego que mantiene el espíritu de sus predecesores, que vuelve contar con muchas, variadas e interesantes misiones que demuestran el enorme talento para escribir historias del equipo que hay detrás, y luego cuenta, por si fuera poco, con un sentido del espectáculo único y especial. Quejarse sería inapropiado.
Con todo, sigue siendo un gran juego que mantiene el espíritu de sus predecesores, que vuelve contar con muchas, variadas e interesantes misiones que demuestran el enorme talento para escribir historias del equipo que hay detrás, y luego cuenta, por si fuera poco, con un sentido del espectáculo único y especial. Quejarse sería inapropiado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario