En aquella etapa donde Sega aún era una de las voces más importantes de la industria, los juegos de plataformas eran casi una base para entender los distintos sistemas y consolas a nuestro alcance, tal y como hoy entendemos como baremo de medida los first person shooters. Y dentro de aquel tiempo, resulta fácil recordar ejemplos que desplegaban toda la potencia de su consola, desde el impresionante aspecto visual de la mascota corporativa - Sonic the Hedgehog (1991) - hasta el esmero en las mecánicas de adaptaciones Disney como Disney's Aladdin (1993), The Lion King (1994) y Toy Story (1996), que representan un perfecto ejemplo de la escalada de potencial y talento que sus consolas permitían.
Claro que el éxito del modelo llevó a un aumento de la oferta considerable, que quizás hizo que no se le diese la importancia necesaria, sobre todo a muchos títulos que hoy en día resultan increíblemente atrevidos y estimulantes, pero que entonces solo se veían a la sombra del erizo azul. Uno de esos juegos es, sin duda, Dynamite Headdy. Una propuesta estéticamente radical, con diseños de niveles como nunca se han vuelto a ver, jefes finales que sorprenden.
Podría decirse que Dynamite Headdy es a cierto esterotipo de la cultura pop japonesa lo que Earthworm Jim (1994) es a los cartoons occidentales al estilo Tex Avery. Se trata de un compendio de recursos visuales a modo de mosaico, una constante metralleta de ideas que, desde su alocado comienzo - una huida a todo trapo de un robot gigante por un quejumbroso decorado que acaba en una pelea con un gato - se plantea como una rerza no lo suficientemente críptica como para repelernos.
Aunque de lo que sin duda uno se acuerda de Dynamite Headdy es del inteligente uso de power-ups, un intercambio de "cabezas" que activan distintos poderes, no siempre necesarios para avanzar en los niveles, pero sí para explorarlos al cien por cien, tarea necesaria para enfrentarse con todas nuestras fuerzas a jefes finales demenciales y complicados.
Todo ello, bajo la excusa de una marioneta que quiere liberar al mundo al que pertenece de la tiranía de un malvado titiritero. Aquí metáforas las justas, fans de Bioshock (2007). Con el argumento, nos podemos permitir el asistir a un elegante despliegue de metalenguaje - no exento de similitudes con Super Mario Bros 3 (1988), aunque más directo -donde acudimos a las bambalinas de nuestra propia misión, algo por lo que muchos años más tarde sería alabado Portal (2007). Su trama tampoco está exenta de giros de guión, con un personaje femenino activo que jugará un importante papel en uno de los jefes finales.
Queda claro que Dynamite Headdy era un juego de vanguardia, en todas sus acepciones. Hoy conviene recordarlo como pionero en muchos aspectos, si bien es difícil trazar una relación directa entre su inteligente diseño y los juegos actuales presuntamente herederos de su espíritu, pero de lo que cabe ninguna duda es que es un excelente e ingenioso plataformas, uno de los mejores de su género.

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