Al margen de todo el pasado que arrastra consigo, Aliens: Colonial Marines es un juego con una honestidad palpable. El verdadero motor del juego es formar parte de, al menos, las dos primeras entregas de la saga que le da nombre y encontrar toda una serie de guiños para que el fan se deleite y entienda lo que es formar parte de la aventura. Los problemas vienen, como siempre, de lo circunstancial: da igual el contexto en el que ha salido el juego, o que el acabado técnico deje muchísimo que desear, lo importante es que, en lo que se propone, funciona.
Es comprensible que se haya vilipendiado a este juego. No inventa nada y a veces recuerda demasiado esa sensación anacrónica que Duke Nukem Forever (2011) arrastraba consigo. Pero a diferencia de aquel, Aliens: Colonial Marines no resulta tan pasado de moda - su ambientación es un gran apoyo - ni tan poco desafío al jugador. Pero también se está siendo injusto: el momento que más burlas ha provocado, aquel en el que debes atravesar desarmado un sótano lleno de aliens ciegos, resulta ser un gran momento en su contexto, que le otorga una variedad y un gusto por aprovechar su atmósfera muy raro en juegos mejor valorados.
Parto del grato recuerdo que Aliens versus Predator (1999) mantenía a la hora de traducir el ser un marine en ese ambiente. Y aún no estando a la altura del nivel paranoia que aquel generaba o manteniendo una trama - tan habitual en este mundillo - a la que rara vez prestas atención, es un juego que consigue resultar satisfactorio a nivel algo básico pero suficiente. Una vez recorrido este tren de la bruja hacia el universo que conocemos y amamos, resulta fácil dejar de lado asuntos más triviales, y sumergirse en el simple goce de "estar allí", que es el alma de tantos y tantos juegos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario