lunes, 18 de marzo de 2013

SAINTS ROW: THE THIRD (2011)




Una vez que esta saga fue planteada casi como una parodia de los sandbox al estilo Grand Theft Auto IV (2008), se desarrolló un nuevo camino que, hasta entonces, no parecía tener mucho futuro. Con la cuarta entrega anunciada recientemente, volver sobre el Saints Row: The Third viene a darle algo de justicia a lo que significa como juego. No es, como promete, el gigantesco escenario de destrucción, brutalidad e inmadurez desenfrenada que prometió largamente, pero sí ofrece una perspectiva que el jugador agradece, al tirar por la ventana cualquier complejo de inferioridad para rendirse al puro y duro desparpajo.

Porque cuando Saints Row: The Third pretende mantener una coherencia, es condenamente mediocre y aburrido. Sin embargo, cuando ofrece la libertad y las herramientas de destrucción necesarias, es un el mejor remedio anti estrés desde los bofetones con el reverso de la mano de Dungeon Keeper (1997). Quizás el error es que el juego sea mucho más conservador de lo que aparenta: sí, aquí tienes un jet supersónico para volar por la ciudad y hacer el cabra, pero para conseguirlo haz esta nada original misión. ¿Qué te has caído intentando hacer una acrobacia contra un puente? mala suerte, chaval, vuelve otro día.

El interés que uno tenía en Grand Theft Auto 2 (1999) cuando tomaba un tanque y se dedicaba a pasear por la ciudad tranquilamente mientras el ejército te perseguía era que se salía de la norma: dejabas de lado las misiones para convertirte en un gamberro. Aunque poner todo el peso en estas salidas de tono es una manera de ofrecer diversión sin excusas, también le quita ese componente de tabú, de estar escarbando entre los límites del juego. En otras palabras: cuando la desobediencia se convierte en norma, deja de resultar igual de estimulante.

Además, podría decirse que a veces no se acierta del todo con lo que el jugador quiere. O la excentricidad se queda en algo no muy distinto a la novatada estudiantil o cuando llega a un alto nivel de delirio  que podría ser fascinante, lo hace con tan poca gracia y personalidad - todo el final del juego, un auténtico despropósito y de una pereza insultante - que no consigue ser todo lo memorable que debería. Ciertamente es un juego que marca una tendencia interesante, pero no despliega, todavía, todo el potencial que esperamos de esta línea de trabajo.

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