miércoles, 21 de noviembre de 2012

FINAL FANTASY (1987)

Una vez marcada la diferencia entre los mundos que componen los juegos de Final Fantasy, y que ha devenido en algo menos que una franquicia y más bien una marca sin garantías comunes entre los elementos que la conforman, conviene retomar el Final Fantasy original como una plantilla desde donde todos los JRPG manan de mutuo acuerdo con Dragon Warrior (1986), de la saga Dragon Quest.

Si el formato ha prevalecido - si bien llegando hasta nuestros días tan agotado como en Tales of Graces (2009), por no hablar de, glups, Final Fantasy XIII (2009) - es por su funcionalidad: entonces el sistema de juego daba una sensación de apertura y libertad que hoy nos parecería ridícula.. El sistema de combate por turnos, los diseños de los personajes, las animaciones y un mundo extenso que poco a poco se abría ante nosotros producía una verdadera sensación de aventura. Los viajes por mar, disponibles relativamente pronto dentro del juego, se convertían en verdaderas travesías, con el miedo de no saber que destino nos aguardaba.

Parte de esa excitación venía por no conocer los límites del juego en sí, además de por una dificultad nada desdeñable. Y sobre todo, por algo que se echa en falta en las últimas incursiones de la saga: sencillez. Los cuatro héroes protagonistas son seres anónimos, en los que proyectar cualquier personalidad sin que te la escupan a la cara. También es una historia que, dentro de su aparente simpleza y la arbitrariedad con la que se desarrolla, consigue llegar a un final satisfactorio, un final al que no sería posible llegar si no fuese porque la variedad de mazmorras y situaciones es notablemente equilibrada.

No todo son puntos positivos: parte de su sencillez y de como ha sido imitado hasta la extenuación hacen que hoy en día resulte algo más difícil reconocer sus méritos al forma ya parte de un canon establecido; y sobre todo, a veces resulta increíblemente complejo descubrir cual es el camino a seguir, llegando a callejones sin salida, volviendo sobre nuestros pasos a ver si hemos olvidado algo. ¿Cómo se abre esa puerta? ¿Cómo se llega al otro lado de esas montañas?

Una vez resueltos sus impedimentos, Final Fantasy se revela como un juego que aguanta bien el paso del tiempo y cuya enorme impronta en el medio es considerable. Sabiendo reconocer en él un buen juego, al margen de prejuicios y en el contexto en el que surge, conviene rescatarlo ahora - o a sus remakes, más agradables a la vista y los oídos - sabiendo que estamos ante una joya del género modesta pero no por ello menos valiosa.

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