jueves, 7 de marzo de 2013

GOD OF WAR III (2010)



Es complicado hablar de God of War III por el peso que tiene, no solo como juego individual sino como saga e icono. God of War III viene a simbolizar perfectamente el producto hipertrofiado, carente de desarrollo e inocuo que es fácil despachar. A fin y al cabo, estamos hablando de una repetición que se extiende a lo largo de los tres juegos principales, donde mecánicas y estructuras idénticas tratan de justificar el ofrecer más de lo mismo con una trama cuya continuidad es irrelevante.

Lo que más ejemplifica esta idea es la actitud del protagonista, Kratos, que no solo ha esquivado la muerte al menos unas tres veces (con varias visitas de más a la laguna Estigia) sino que ha ido llevando su venganza iconoclasta desde el dios de la guerra del título a una matanza absoluta de toda la mitología griega, aquí ya extenuada y vapuleada hasta no ser más que las ruinas del mundo. Insistentemente, cada personaje que se encuentra con Kratos le recrimina su actitud egoísta y su ruptura del status quo, a lo que Kratos responde una y otra vez del modo más despectivo y chulesco posible. Seamos claros: no es exactamente un personaje memorable, sino una maraña de músculos.

Eso no quita que el juego no tenga su valor. Estaba claro que ante las anteriores entregas - una primera muy hermética y más aceptable narrativamente y una segunda parte que no era ni chica ni limoná - era necesario sacarse algo de la manga, y en lugar de buscar algo original o nuevo, lo que tenemos es lo que uno puede esperar de una historia en tres actos - aunque nunca se haya planificado como tal - y es un clímax donde todo es más grande, más excesivo, más esforzado.

God of War III es una orgía de elementos, a veces tan acertados como el puzzle escheriano del jardin del olimpo, a veces con el interés de la divertida lucha contra Hades, pero casi siempre con el tono rutinario y falto de interés que ha demostrado la saga. Es la clase de juego que te arregla unas cuantas tardes pero con dificultad se queda como la enorme experiencia que podría haber sido. Los síntomas de agotamiento, ya presentes en la segunda parte, no le ha evitado saltar a otras plataformas mientras nos preguntamos que interés queda ya, no solo por matar sino por sacar provecho de Kratos. Quizás el espartano se merezca ya una jubilación.

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